El sueño (pesadilla) de trabajar en la industria del videojuego.

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Cuando nos sumergimos en el fascinante mundo laboral, todos albergamos el sueño de realizar lo que amamos, acompañado de condiciones laborales ideales. Ya sea desempeñando funciones administrativas, ejerciendo como abogado, trabajar en industria del videojuego o indagando en el ámbito de la bioquímica.

Tener la oportunidad de dedicarnos a nuestras pasiones, junto con disponer de tiempo para compartir con la familia, disfrutar de hobbies, estar con amigos o emprender viajes, puede ser la fórmula para prosperar en distintos aspectos de nuestra vida, destacando en primer lugar la salud mental.

Este ideal utópico a menudo pulula en nuestros pensamientos, pero, como observamos en nuestro entorno, la realidad toma un rumbo diferente. Nos encontramos inmersos en un mundo donde las responsabilidades y las jornadas laborales parecen aumentar constantemente, acompañadas de una competencia feroz y una creciente deshumanización en el ámbito laboral.

Hoy, quiero reflexionar sobre cómo la industria de los videojuegos parece estar enfrentándose a su propia autodestrucción, especialmente a raíz de las recientes noticias que revelan un aumento preocupante en los despidos a lo largo de este año.

Trabajar en industria del videojuego

Desde el año 2022, hemos sido testigos de cómo trabajar en la industria del videojuego puede transformarse en una experiencia verdaderamente desafiante.

En el lapso comprendido entre 2022 y 2023, hemos registrado más de 20,000 despidos en el ámbito de la producción de videojuegos, una cifra que resulta impactante, pero lo más alarmante es que, hasta marzo de 2024, ya contabilizamos más de 8,000 despidos adicionales. Sin ir más lejos, la semana pasada Pendulo Studios despidió al 43% de su plantilla.

Considerando que la industria del videojuego es un pilar clave en términos económicos para el entretenimiento, surge la pregunta: ¿Por qué ocurre esto? A continuación, exploraré algunos de los motivos detrás de esta tendencia.

Si bien algunos factores pueden ser más relevantes que otros, no existe una verdad absoluta en torno a estos despidos. Sin embargo, al reflexionar un poco, podemos vislumbrar las posibles razones detrás de esta situación.

Factores acerca de los despidos masivos

Existe un factor que quiero abordar rápidamente y tiene que ver con la rápida expansión que experimento la industria del videojuego durante la pandemia mundial. Muchas empresas y estudios se vieron en la necesidad de contratar a una gran cantidad de personal para mantener sus juegos en funcionamiento.

Esto tuvo como resultado una especie de superpoblación de trabajadores en los estudios. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que las cifras de personas jugando a videojuegos durante la pandemia eran poco realistas. Era evidente que, una vez que retomáramos nuestras actividades cotidianas, estas cifras disminuirían.

Me resulta intrigante un factor que ha captado mi atención recientemente: la aparente tendencia generalizada de las empresas a “reorganizarse” simultáneamente. En las últimas semanas, hemos sido testigos de cómo la mayoría de los estudios han salido a la luz para anunciar rondas de despidos.

Esto, no es casualidad. La reputación de una empresa sufre cuando se llevan a cabo despidos, generando críticas hacia sus juegos y causando malestar entre las masas.

Sin embargo, si hay una saturación de información sobre despidos en diferentes estudios en este momento, tiene sentido que la empresa en cuestión se vea menos afectada. Este fenómeno se asemeja a las tendencias de moda, pero con un toque más sombrío, por supuesto.

Para terminar, me gustaría hablarles acerca de otro factor importante en el universo de los videojuegos: la influencia de los inversores. La entrada masiva de capital en los estudios ha generado expectativas de un rápido crecimiento económico y beneficios sustanciales por parte de los inversionistas en pocos años.

Pero, como todos sabemos, la creación de videojuegos no es una tarea sencilla, y esta incertidumbre se instala en la mente de estos magnates financieros. La consecuencia directa de esta situación es que muchos inversores optan por retirar sus fondos destinados a este sector por temor a sufrir pérdidas significativas.

Esto desencadena una serie de acontecimientos que se traduce en una especie de juego de dominó, y lamentablemente, los primeros en sentir el impacto suelen ser los empleados de primera línea en esta “infantería” que trabajan en industria del videojuego. Y para complicar aún más las cosas, los costos de producción de videojuegos han alcanzado niveles exorbitantes.

El desarrollo de un videojuego triple A de un estudio considerado “de primera” puede llegar a costar un mínimo de 130 millones de euros. The Last Of Us tuvo un presupuesto de 212 millones de dólares.

Estas cifras representa una inversión significativa para los magnates, ya que el margen de beneficio está fuertemente vinculado al éxito del producto en cuestión. Este modelo de negocio, que depende en gran medida del rendimiento de un solo producto, eventualmente tocará techo.

Anticipamos un cambio en la dinámica con más inversiones dirigidas hacia estudios más pequeños o de categoría doble A, que, desde el punto de vista creativo, a menudo se destacan de manera excepcional en comparación con sus contrapartes “situadas” en los puestos de la Champions League de la industria del videojuego.

Tiempos oscuros

Vivimos en tiempos complicados para trabajar en la industria de los videojuegos. Además de los problemas que hemos visto a lo largo de los años, como el acoso, abuso sexual y jornadas laborales intensas para lanzar un producto, las condiciones de trabajo son nefastas para hacer realidad la utopía que mencionaba al principio del texto.

Cada vez más personas, apasionadas por los videojuegos, deciden aventurarse en carreras de desarrollo de videojuegos para probar suerte.
Sin embargo, en la actualidad, después de completar los estudios, la diferencia entre tener un título universitario y no tenerlo respecto a este campo, no es muy significativa. Lamentablemente, la disparidad en las oportunidades de contratación a menudo radica en la participación en un máster de videojuegos.

Este máster puede abrir puertas mediante conexiones personales o acuerdos especiales para realizar prácticas en estudios de videojuegos más consolidados. A partir de ahí, la suerte puede jugar un papel crucial para conseguir un contrato.

Este panorama no difiere mucho de la realidad española, donde se mezclan prácticas de enchufismo con una falsa meritocracia que favorece a aquellos que tienen más recursos y pueden costearse universidades privadas. La evidente pérdida de humanidad en el ámbito laboral es motivo de preocupación, y los pronósticos futuros no son alentadores.

En mi papel, quiero expresar un sólido respaldo a cada trabajador de este sector y fomentar la motivación necesaria para unirse a sindicatos que están surgiendo a nivel nacional. Juntos, podéis enfrentar estos desafíos y trabajar hacia un futuro más justo y equitativo para todos los empleados de la industria.

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