Crítica de ‘La Piedad’: Eduardo Casanova sacude el cine español con esta obra libre y suicida

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LA PIEDAD 2022 CRITICA

El cine es un medio que se crea y presenta ante nosotros con diferentes objetivos. En ocasiones, la intención de una película es simplemente entretenernos. Con algo más de suerte, no solo pretende ofrecernos una buena experiencia, sino también emocionarnos de algún modo y transmitir un mensaje importante. Pero también hay cine que se propone un reto mucho mayor: provocarnos. Este es el caso de ‘La piedad(La Pietà), la última película de uno de los directores más peculiares del cine español actual, Eduardo Casanova.

Algunos de vosotros conoceréis a este autor por su trabajo como actor desde niño. Uno de sus papeles más reconocibles es el que realizó en la sitcom española de ‘Aída’ como Fidel, pero ya hace mucho tiempo que Eduardo Casanova nos demostró todo lo que tenía que ofrecer con sus cortometrajes y su primera gran película ‘Pieles‘. En dicha obra, consiguió culminar un estilo completamente autoral y libre, que mezclaba el horror físico y la estética kitsch. Algo similar ocurre en su última obra que, al igual que las declaraciones de su creador, no va a dejar indiferente a nadie.

Un cuento irreal sobre la realidad

Critica La Piedad 2022

A diferencia de su anterior obra, ‘La piedad’ se aleja de esa narración coral que nos ofrecía ‘Pieles’ y se centra en una única historia, fragmentada al mismo tiempo en varias. Una madre (Libertad) y un hijo (Mateo) conviven en una asfixiante realidad marcada por la relación de dependencia que mantienen. Esta madre, a pesar de su carácter aparentemente dulce, tiene una profunda necesidad de controlar su vida y la de aquellos que la rodean, especialmente la de su hijo, sobre el cual ejerce todo su poder a través de la sobreprotección y el encierro.

Esta relación enfermiza acaba supurando al exterior cuando Mateo es diagnosticado de cáncer, exponiendo así la falsa sensación de seguridad y bienestar existente en su vida junto a Libertad. No obstante, el daño que genera la obsesión de Libertad no alcanza solo a su hijo Mateo, sino también al padre del mismo (su ex marido), quien se ve incapaz de tener una relación sana con su actual pareja, arrastrándola a vivir bajo la sumisión y el autodesprecio.

Este aparente drama familiar adquiere un matiz mucho más diverso en manos de Casanova, quien nos articula una obra que juega con la tragedia y el drama con un estilo completamente personal con referentes como Pedro Almodóvar y John Waters. Así, el peso de los temas que trata aparecen sobre un decorado artificial y excesivo en sus formas, que combina el melodrama naif con el puro horror. De esta forma, ‘La piedad’ se convierte en un cuento que nos narra una realidad dolorosa de la forma menos real posible, acercándose de forma hasta ridícula a lo fantástico y lo alegórico.

El exceso de lo osadamente bello

Critica La Piedad 2022

El carisma de ‘La piedad’ reside en los diferentes elementos artísticos que configuran su forma. Uno de ellos es la manera en la que consigue combinar el retrato personal e individual de una madre y su hijo con el retrato colectivo y político de una familia castigada por el régimen de Corea del Norte. Así, relaciona la historia de dominio de Libertad sobre Mateo con la de Kim Jong-il sobre su pueblo. Esta metáfora no es nada sutil, como tampoco lo son los momentos en los que vemos el sufrimiento y la huida de la familia norcoreana hacia Corea del Sur, pese a mantener ese carácter esteticista y poco natural donde la imaginería religiosa y norcoreana se entrelazan.

Ese juego con la exageración, con lo irónico, con lo camp al fin y al cabo, es una constante dentro de la película. Existe una explotación de lo hortera, de lo habitualmente feo, que se convierte en algo bello gracias a la mirada de Casanova. Así, la imagen suavizada al extremo y ese color rosa asfixiante junto al gris desasosegante adquieren cierto sentido gracias a los claroscuros de las luces, los planos visuales equilibrados y la dirección de arte armónica. Es a través de lo excesivo donde se logra un equilibrio que funciona una vez que entras en su trampa.

Una risa terrorífica

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Cabe destacar que pese a que Casanova no renuncie nunca a su estilo tan marcado, consigue que cada momento (y localización) tenga su propia esencia, siempre a favor de las sensaciones que quiera ofrecer, lo cual construye especialmente a través de lo visual. En este sentido, resulta interesante el modo en el que utiliza la exageración no solo con fines estéticos, sino también como base para causar humor y para causar terror.

Estas dos variantes son las que consiguen consolidar la película con respecto al espectador, dejando cierto peso emocional más allá de lo que ve. De esta forma, consigue dejar un espacio para la comedia mediante diálogos absurdos o momentos intencionadamente irónicos. Del mismo modo, no se corta a la hora de plasmar el horror, no solo psicólogo, sino también corporal a través de escenas concretas o leitmotivs que se repiten llegando a ser grotescos. Aquí es donde logra crear imágenes difíciles de olvidar o, al menos, memorables más allá de su exhibición artística.

La perfecta saturación

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Todo esto se consigue mediante un apartado técnico completamente pensado y diseñado para crear este retrato imaginativamente bizarro. Se aprecia que nada está presente por mera casualidad, sino por puro interés, dando lugar a una orquesta de lo más peculiar. Gran parte de esto se refleja en la dirección de actores, quienes consiguen interiorizar a la perfección el tono exagerado de la propuesta. Así, consiguen entrar de lleno en el espacio grotesco que propone ‘La Piedad’ a través de interpretaciones hipnóticas, especialmente las realizadas por Ángela Molina (Libertad) y Manel Llunell (Mateo), ya sea desde un plano más obsesivo o más contenido.

Este exceso constante genera una irregularidad inevitable en ‘La piedad’, pero puede que se trate de algo consciente o, al menos, previsible. En el momento en el que una obra ofrece tanto, acaba retorciéndose por sí misma, llegando a cansar, resultar repetitiva o vacía. Uno puede llegar a verse saturado, agotado ante una propuesta como esta, que tal vez no consigue llevarnos más allá del escenario que nos muestra. Es por eso que la forma acaba ocultando un fondo interesante, pero con poca fuerza, a pesar de tratar temas tan graves como la enfermedad, el amor tóxico o el suicidio.

En conclusión: Libertad

Para disfrutar de una película como ‘La Piedad’, hay que entrar en lo subversivo de su propuesta. Es una obra que está realizada desde la profunda libertad por transgredir y que, pese a resultar irregular en ciertos aspectos, no puede evitar ser icónica y memorable. Se disfruta gracias a su atrevimiento, su diferenciación y su peculiaridad y, aunque todo ello nos pueda resultar excesivo, justamente esa es su esencia. Merece la pena disfrutar de una obra como esta porque no solo nos puede entretener, divertir o inquietar, sino porque nos hace dar un paso más, nos hace posicionarnos ante el cine y ante el arte. Nos invade de libertad.

Descubre nuestra última crítica sobre ‘La guarida

PUNTUACIÓN

Guion
7
Fotografía
7.7
Sonido y música
7.2
Interpretaciones
7.8
Originalidad
8

CONCLUSIÓN

'La piedad' es toda una provocación que no deja indiferente a quien la ve. Si uno entra en la experiencia que le propone, probablemente acabe disfrutando de su exceso y su exageración, pero si no lo consigue, terminará encontrándose saturado entre tanta artificialidad. Sea como sea, merece la pena disfrutar de una obra tan libre, original y única como esta.

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