ANÁLISIS KIRBY Y LA TIERRA OLVIDADA Y MUNDO ASTRAL EN SWITCH
Si bien Nintendo tiene como figura principal a Mario, seguramente Kirby sea el segundo personaje más entrañable. Tras jugar muchas horas a Kirby y la Tierra Olvidada y Mundo Astral en Switch 2, hoy os traigo lo que me ha parecido el nuevo juego de la pequeña bola rosa.
La saga Kirby siempre se ha caracterizado por su accesibilidad, su creatividad y un equilibrio que combina sencillez con variedad. Con Kirby y la Tierra Olvidada, HAL Laboratory dio un paso decisivo al trasladar las bases de su personaje a un entorno tridimensional, algo que hasta entonces parecía un desafío demasiado grande para la serie. Lo notable es que el salto no se percibe forzado: las mecánicas clásicas se adaptan de forma natural al nuevo esquema, y la jugabilidad encuentra nuevas capas de exploración y combate que enriquecen la experiencia. La expansión posterior, El Mundo Astral, complementa este avance ofreciendo un enfoque más desafiante y técnico, lo que en conjunto marca un punto de inflexión para el héroe rosado.
El cambio más significativo es, sin duda, el paso al 3D. La estructura del juego se inspira en plataformas como Super Mario 3D World, donde los escenarios no son mundos abiertos en sentido estricto, pero sí áreas amplias interconectadas con secretos y rutas alternativas.
Esta semi-libertad aporta frescura y fomenta la curiosidad, invitando al jugador a revisar cada rincón en busca de coleccionables y Waddle Dees. La clave está en el control: Kirby se mueve con total fluidez en un espacio tridimensional, con saltos y ataques fáciles de ejecutar, lo que mantiene intacta la accesibilidad de la serie. Los botones asignados a saltar, absorber y usar habilidades garantizan que cualquier jugador, incluso sin experiencia en títulos de plataformas 3D, pueda adaptarse en minutos.

Las habilidades de copia siguen siendo el corazón de la jugabilidad, pero el salto a las tres dimensiones obliga a reconsiderar su aplicación. Los ataques que antes eran lineales ahora se despliegan en áreas más amplias, y la disposición de enemigos y obstáculos está pensada para aprovechar la libertad de movimiento.
Además, el sistema de evolución de habilidades añade un incentivo poderoso para la progresión: al encontrar planos y monedas estelares, Kirby puede transformar sus poderes en versiones más espectaculares y letales. La espada básica se convierte en una Espada Gigante que barre el escenario, o incluso en la Espada Meta, con combos más veloces. De este modo, el juego invita a experimentar y rejugar niveles para fortalecer el repertorio de Kirby, lo que añade una capa de satisfacción que trasciende la simple superación de fases.
La gran innovación llega con el llamado Modo Transmorfosis, donde Kirby no absorbe enemigos sino que se estira para cubrir objetos como un cono de tráfico, una máquina expendedora o un automóvil. Estas transformaciones no solo aportan variedad visual, sino que están integradas en la estructura de puzles y combates. El coche permite atravesar tramos veloces y derribar muros, el cono sirve para perforar grietas y descubrir secretos, y la máquina expendedora convierte a Kirby en una torreta que dispara latas contra los enemigos. Lo ingenioso es que estas formas conviven con las habilidades clásicas, sin sustituirlas, lo que genera un ritmo muy dinámico en cada fase.
La exploración de niveles no se limita a avanzar hasta la meta, ya que el objetivo principal es rescatar a los Waddle Dees atrapados. Algunos se consiguen de forma automática al superar jefes, pero otros requieren resolver desafíos específicos o encontrar pasajes ocultos. Esta estructura motiva a volver sobre los escenarios y experimentar con distintas habilidades para desbloquearlo todo. El progreso se refleja en la Aldea Waddle Dee, un hub central que va creciendo a medida que rescatamos habitantes. Aunque funciona como un lugar de descanso, con minijuegos y tiendas, también refuerza la sensación de que cada rescate tiene un impacto real en el mundo del juego.
El epílogo Mundo Astral añade un giro interesante al proponer una jugabilidad distinta. En lugar de controlar a Kirby, el jugador maneja a Magolor, un personaje que ha perdido sus poderes y debe recuperarlos. Aquí la progresión es aún más marcada: cada nivel otorga energía que se invierte en desbloquear nuevas habilidades o mejorar las ya adquiridas, lo que crea un sistema más cercano al de un juego de acción con tintes de rol.
El resultado es un ritmo mucho más exigente, con escenarios cortos pero intensos que requieren dominio de un set de movimientos en constante evolución. Frente al tono accesible de la campaña principal, este epílogo propone un reto que premia la precisión y la rapidez, lo que lo convierte en un complemento ideal para quienes buscan profundidad adicional.
En conclusión, Kirby y la Tierra Olvidada y El Mundo Astral demuestran que la serie es capaz de reinventarse sin perder su identidad. El primero brilla por su equilibrio entre accesibilidad y variedad, con un diseño de niveles que aprovecha al máximo el 3D, habilidades que evolucionan de forma creativa y un Modo Transmorfosis que aporta ingenio constante. El segundo añade un matiz de dificultad y progresión más marcado, enriqueciendo la propuesta global y ofreciendo una experiencia distinta pero coherente. Ambos títulos consolidan a Kirby en una nueva etapa, en la que el salto tridimensional no solo se justifica, sino que abre la puerta a futuros experimentos todavía más ambiciosos en lo jugable